sábado, 4 de octubre de 2008

5:56 post mortem (pm)

ME onanisa la conciencia
el perfume de tu ausencia...

Quedan espacios vacíos,
en el anaquel de libros
qué llamara razón;
cómo si me robara
momentos a mi mismo,
entregándolos al por mayor.
Así pues,
me tatúan interrogantes
mis uñas, mi lengua, y vida vivida.
Ahí fuera, los niños juegan,
aquí dentro los adultos también.
Ellos a las peleas, nosotros a los jadeos.

Un año, y mil días,
y aún me masturbas la psi-qué,
desde tus caderas hasta mi alcoba.
Son y siempre fueron todas fanfarrias,
deficiencias y de cuando en cuando
falacias bagatelicas, y astronómicas.

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