viernes, 4 de enero de 2008

Un caparazón

Tranquilidad, y sonidos nocturnos,
cigarras putridas; cenizas voladoras.
Frios inclementes, rasuñando vidas
o casí vidas; nuevas, viejas, las mismas.
algunas esferas con y sin color,
la luz propia de su interior las guia;
el sonido del reloj, o las elevaciones
de los pechos tan lejanos pero calidos.
Ausentes de sí, quedan ya unos mil.
Aquellos vacios de los ya muertos,
o los avandonados, sienten tanto
estos nuevos quizá más;
Y pendula el mundo entero
Insomniaca revolución,
dos horas de sopor caustico;
y hematomas con sabor limón.
"Crak, crak crak" las quimeras de los techos.
La sangre en el corazón,
instrucciónes de sus almas,
de las tuyas; tu razón.
Nada asemeja a nadie,
pero todos pasarón por aqui,
mismas historias, distinto elenco;
otro esenario, y ningun guión.
Sobresaltos estrepitosos,
alucinaciones y deserción.
Corren tintas invisibles
en sus lenguas, de sus mentes.
Cataclismo lunar ensordesido;
el conejo de la luna se murio,
rodaba su cabeza por los mares,
dejando una uña amariilla
colgada del cielo, azul-muerto.
Las ancianas de esencia morada
son disparadas y colocadas junto
a los niños que jugarón por ahi.
Ella moria, y quizá yo también,
después bailaban esos dos,
nosotros también; por eso
hoy me saluda, y me reta.
Burbujas purporeas, una quizá,
sólo quizá, será la mia.

1 comentario:

becca dijo...

Asi era antes de terminar.
el nada es un buen seguimiento