Tengo un par de balas,
redireccionadas del corazón
al cerebro.
El flujo sanguineo las llevo ahi,
y no les fue dificil asomarse por
mis ojos.
Por esa razón es que tengo muere
en la mirada, no porque en verdad
este muerto, sino porque sencillamente
se me asoma ese drama añejo.
Odio mirarme al espejo...
Siempre encuentro ese remedio:
dos capsulas de plata para
su mal animal.
¡Brujeria barata!
Dos balas que no mataron nada,
solo tiempo, o la vigilia de un
hombre somnoliento,
pero mirame bien
aun respiro y tengo aliento.
Hace tiempo quizá debí morir,
pero ahora estoy aqui,
con brillo en la mirada
de muerte fria, de dos piezas
de plata...
lunes, 13 de agosto de 2007
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